El
bar estaba medio vacío, y cuando estaban pidiendo unas pintas entraron dos
chicos. Uno tenía el pelo rizado, y al andar se dejaba caer. Tenía unas botas
gastadas, con la lengüeta doblada. Su amigo tenía el pelo muy corto y peinado a
un lado, con una carita de alemán, su nariz era un desafío constante, todos los
rasgos rectos y ásperos. Vestía una camiseta negra de cuello pico, demasiado
ajustada, y Laura odiaba las camisetas de cuello pico. Pensó que era guapo.
Entonces
la griega saludó al del pelo rizado, y empezaron a hablar, y al rato vino su
amigo y preguntaron si podían sentarse con ellas. Y dijeron que sí. Él comía
chicle todo el rato para hacer desaparecer el aliento a tabaco. Y Laura pensaba
que era muy considerado, que lo hacía para besarla. Pero ahora sabía que C podía
ser muchas cosas, pero no fue muy considerado. Y entonces también recordó que
un día usó su cepillo de dientes. Y ahora sólo quería llorar todo el rato.
[...]
Habían
pasado unas dos semanas desde que C la escribiera por última vez algún
mensaje cortés. Y cortés siempre fue la palabra, casi considerado, aunque al
final resultara no serlo. La cuestión es que Laura decidió darle un ultimátum
porque no soportaba estar en ese limbo de la cal y de la arena. Y él hizo lo
que probablemente no sorprendió a nadie: limitarse a desaparecer.
Laura
había escuchado Radiohead, tenía algún disco en el portátil. Nunca la habían
vuelto loca, así que en realidad ni sabía qué decían en las letras. A C le gustaban mucho. Era domingo y tenía un poco de resaca pero se había
despertado muy pronto. Y estaba en la cama, y tecleó Radiohead en Youtube.
Escuchó Creep con subtítulos en inglés, canción que en realidad había escuchado
un millón de veces sin entender, y se emocionó porque curiosamente no pensó que
él fuera fucking especial, en realidad lo que sintió es que ella lo era, y que
necesitaba que alguien cantara eso para ella. Y desde luego sabía que I don’t
care if it hurts/I want to have control/ I want a perfect body/I want a perfect
soul.
Joanna
llamó a su puerta y la preguntó si quería ir a Belfast. Era el día de la
Independencia Polaca, y del fin de la Primera Guerra Mundial, o algo así, y un
grupo de polacos iban a un cementerio a hacer qué se yo. Y luego Joanna quería
ir al cine a ver una peli francesa. Laura la miró en estado de shock, y la
contó que estaba flipando con las letras de Radiohead y que pudieran gustarle
tanto a C, el puto soldado nazi, el puto tough boy. Joanna dijo, con
toda la dulzura e ingenuidad del mundo, lo que lo hacía todavía más irónico:
“Bueno,
yo no quiero decir que C no pueda estar en su casa escuchando Radiohead
y llorando pero…” -. Laura se echó a reír.
Sí,
seguro que C la había llorado un montón mientras se follaba a esa fea
con la que tenía fotos en Facebook.
Es
lo bueno de este mundo sin vida privada e híper conectado. Te evita muchos por
qués.
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