miércoles, 20 de noviembre de 2013

I am always living as if I would have another chance. Like if this life was a trial. For this I burnt everything.
Now I have my harvest.

Whatever I try to do is fated to turn out wrong
and my heart lies buried as though it were something dead.


(The city, K. Kavafis)

jueves, 14 de noviembre de 2013

I am 27. My life was nothing. I have watched Prison Break, Dexter, Skins, Misfits, The Soprano's, The Wire, Twin Peaks, Six feet under, Glee, Friends, X Files, Emergency, The Big Bang Theory, Breaking Bad, Homeland, Dexter, Boardwalk Empire, Game of Thrones, Sex in NYC, Gossip Girl, True Blood, Girls... I can't even remember all of them. Could you imagine how much time I spend on this? It makes me feel depressed.

People are doing stuff, somewhere else. I'm in my bed. I'm writting crap. I want a beer. I want to disappear.
I want to understand why the main time of my life is over and I did nothing.
How these years passed.

I am 27. I've lived enough. Obviously I have proved that is not worthy. Sorry about the investment. Sorry about your expectations, about the broken dreams. I know you're dissapointed. But this is me.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Creo que ha empezado el final. He vivido pensando en ello desde los 13 o 14 años. No sé cuándo dejé de creer en la vida. Mucho antes de ser escéptica en cuanto a la satisfacción o en funcionamiento del mundo. Antes de la crisis, antes de saber que sería otro cerebro no tan  privilegiado como le hicieron creer y desde luego mucho peor pagado de lo que esperó. Ni siquiera hablando de dinero si no de satisfacción, de reto, de algo más que una bayeta, que un cubo y una fregona.
Ahora uso el sarcasmo como autodefensa. El puto cinismo estando de vuelta de todo. No creer en nada pero esforzarte por hacer algo más, para que no puedan echarte en cara el inmovilismo crítico –mi queridísima Paula-.
Hay algo que no funciona en mi cerebro. Quizás algo químico. Paroxetina para siempre, quizás no podría beber o correrme, pero al menos podría ir a trabajar todos los días sin que fuera una batalla que siempre pierdo. Me lamo mis heridas con una cerveza cuando llego a casa, y esa es la única parte del día en la que no pienso qué coño estoy haciendo aquí. Y aquí podría interpretarse como Inglaterra, pero sería estúpido además de falso y todo el mundo lo sabría, decir que tiene que ver con mi situación física. Mi indescriptible y espeso sentimiento de desarraigo lleva conmigo desde mucho antes de dejar Santander para empezar la carrera de Psicología en la Universidad de Oviedo. Yo tenía la cabeza en otra parte mientras mi cuerpo iba al Cambalache y a la salida de Pil. Yo vivía una vida que no era la mía, mientras escuchaba a Nirvana y a Niña Pastori sin cambiar la expresión de mi cara. Yo siempre he tenido esta inmensa idea en mi mente de que la vida tenía que salirse de todas las expectativas, que mi alma tenía que ser conocida y reconocida, que yo había nacido para cambiar el mundo, ser una puta estrella, un premio Nobel, un Oscar, un Grammy qué coño sé yo. Aunque me gastara el dinero en pintauñas y en lazos para el pelo y en zapatos de tacón que jamás usaría. No entiendo de qué manera este pensamiento lo contaminó todo. Y cómo me condenó a la insatisfacción crónica.
Hola drogas, sexo con desconocidos, sobredosis de barbitúricos y decisiones hiperirresponsables.
No puedo evitar llorar al pensar lo estúpida que fui. Por qué hice esto con mi vida. Por qué lo jodí todo. Y todo el daño que hice para nada. Cuánto amor no merecido con el que no supe conformarme.
Me siento como si tuviera 80 años.
Pero no los tienes.
¿Cuál es la diferencia?

(I miss you so bad Sarah Kane, ahora me consolaría tanto leerte…). Te colgaste con los cordones de tus bambas. Suena como poesía.