viernes, 28 de febrero de 2014

Creo que he perdido la capacidad de escribir sobre algo interesante o sobre algo que conlleve cualquier clase de emoción porque ya no siento nada. Quiero decir, la tristeza ni siquiera es tan profunda o tan radical. Es sólo vacío. No hay drama, sólo el pasar de los días haciendo exactamente lo que tengo que hacer. Ir a trabajar, alegrarme de que no llueva, sentirme orgullosa de ir en bici. Sonreír a mis compañeras, jugar con los niños y sentirme útil. Disfrutar adelgazando y comiendo poco y con mi tripa un poco más plana. Ser feliz cuando por fin termino mi jornada laboral. Cantar mientras escucho música limpiando el baño. No es ninguna tragedia vivir sin ningún motivo para hacerlo. Probablemente soy incapaz de darme cuenta de cuántas personas lo hacen. Ya está, esto ha sido todo, Laura. Ésta ha sido tu vida. Ya pasaron las cosas bonitas. Ahora intenta acurrucarte con las pequeñas corrientes de serotonina que tu cerebro sea capaz de generar, suficientes para dormir por las noches, suficientes para levantarte por las mañanas. Ojalá la vida fuera diferente, pero no lo es. Hace un millón de años, leí el libro ‘La pistola de mi hermano’ de Ray Loriga, del que no recuerdo mucho pero diría que probablemente sobrevaloré, pero recuerdo una frase. Las cosas no están bien, pero así es como están.

¿Qué puede ser más cierto que eso?

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