Creo que he perdido la capacidad
de escribir sobre algo interesante o sobre algo que conlleve cualquier clase de
emoción porque ya no siento nada. Quiero decir, la tristeza ni siquiera es tan
profunda o tan radical. Es sólo vacío. No hay drama, sólo el pasar de los días
haciendo exactamente lo que tengo que hacer. Ir a trabajar, alegrarme de que no
llueva, sentirme orgullosa de ir en bici. Sonreír a mis compañeras, jugar con
los niños y sentirme útil. Disfrutar adelgazando y comiendo poco y con mi tripa
un poco más plana. Ser feliz cuando por fin termino mi jornada laboral. Cantar
mientras escucho música limpiando el baño. No es ninguna tragedia vivir sin ningún
motivo para hacerlo. Probablemente soy incapaz de darme cuenta de cuántas
personas lo hacen. Ya está, esto ha sido todo, Laura. Ésta ha sido tu vida. Ya
pasaron las cosas bonitas. Ahora intenta acurrucarte con las pequeñas
corrientes de serotonina que tu cerebro sea capaz de generar, suficientes para
dormir por las noches, suficientes para levantarte por las mañanas. Ojalá la
vida fuera diferente, pero no lo es. Hace un millón de años, leí el libro ‘La
pistola de mi hermano’ de Ray Loriga, del que no recuerdo mucho pero diría que
probablemente sobrevaloré, pero recuerdo una frase. Las cosas no están bien, pero así es como están.
¿Qué puede ser más cierto que
eso?
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