Paula usaba
el verbo gestionar. La recuerdo frotando las yemas de los dedos índice y
corazón contra la yema del pulgar, mientras se hacía un porro. Probablemente no
la guste que la recuerde así, pero así es como lo hago. Con intensidad y con
mucho amor. Un amor que nace en algún lugar cerca de mi estómago y que trepa,
porque al final mis ojos se empañan. Hablo con emoción de Paula, aunque esté
cerca.
No sé por
qué empezó a usarlo tanto. Estábamos de acuerdo en que era un verbo muy útil.
Versátil. Y más aún con nuestro background en Psicología, había que gestionar
las emociones, gestionar para la resolución de problemas. Gestionar era la
clave.
Love will tea rus apart, sonó en Spotify, de entre la
playlist que hice para mi cumpleaños. Estábamos sentados en la mesa de la
cocina, bebiendo sangría y comiendo panchitos (siempre demasiados en mi caso).
Entonces estaba puesta mi playlist, porque estábamos celebrando mi cumpleaños,
y en este caso fue No surprises. Y
Gabriele estaba realmente sorprendido. No es que como si fuera la mejor
eligiendo la música para una fiesta animada.
La cuestión
es que el día anterior ya había estado pensando en esa canción. Porque era muy
apropiada teniendo en cuenta las innumerables veces que el amor (concretado en
Él, en Rubén, al que me empeñaba en seguir denominando como el amor de mi vida)
me había dado por el culo.
Y entonces
sonó y lo volví a pensar. Había estado pensando en ello. No era un dolor
terrible. Era un dolor anciano y su fuerza se había debilitado. Era un dolor
triste. Y recordé cómo ella le tocaba las piernas por debajo del pantalón
corto, y pensé en cómo follarían. En si el sexo con ella sería mejor que
conmigo. Yo ya nunca lo sabría.
Simplemente
y aunque yo ya sabía que Rubén seguía encogiéndome el corazón, me había pillado
en uno de los peores momentos de mi vida. Después de un estrepitoso fracaso
vital y la vuelta a España, extremadamente perdida, y con 5 kilos más, que en
realidad era lo peor de todo.
Yo me
desenamoré. Yo le dejé. Yo le rompí el puto corazón, y él rompió el mío. Fue
horrible y desgarrador, sólo como el amor verdadero puede serlo. Lo escribo y
me parece un cliché, pero es que no hay nada nuevo bajo el sol.
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