lunes, 28 de julio de 2014

Paula usaba el verbo gestionar. La recuerdo frotando las yemas de los dedos índice y corazón contra la yema del pulgar, mientras se hacía un porro. Probablemente no la guste que la recuerde así, pero así es como lo hago. Con intensidad y con mucho amor. Un amor que nace en algún lugar cerca de mi estómago y que trepa, porque al final mis ojos se empañan. Hablo con emoción de Paula, aunque esté cerca.
No sé por qué empezó a usarlo tanto. Estábamos de acuerdo en que era un verbo muy útil. Versátil. Y más aún con nuestro background en Psicología, había que gestionar las emociones, gestionar para la resolución de problemas. Gestionar era la clave.
Love will tea rus apart, sonó en Spotify, de entre la playlist que hice para mi cumpleaños. Estábamos sentados en la mesa de la cocina, bebiendo sangría y comiendo panchitos (siempre demasiados en mi caso). Entonces estaba puesta mi playlist, porque estábamos celebrando mi cumpleaños, y en este caso fue No surprises. Y Gabriele estaba realmente sorprendido. No es que como si fuera la mejor eligiendo la música para una fiesta animada.
La cuestión es que el día anterior ya había estado pensando en esa canción. Porque era muy apropiada teniendo en cuenta las innumerables veces que el amor (concretado en Él, en Rubén, al que me empeñaba en seguir denominando como el amor de mi vida) me había dado por el culo.
Y entonces sonó y lo volví a pensar. Había estado pensando en ello. No era un dolor terrible. Era un dolor anciano y su fuerza se había debilitado. Era un dolor triste. Y recordé cómo ella le tocaba las piernas por debajo del pantalón corto, y pensé en cómo follarían. En si el sexo con ella sería mejor que conmigo. Yo ya nunca lo sabría.

Simplemente y aunque yo ya sabía que Rubén seguía encogiéndome el corazón, me había pillado en uno de los peores momentos de mi vida. Después de un estrepitoso fracaso vital y la vuelta a España, extremadamente perdida, y con 5 kilos más, que en realidad era lo peor de todo.


Yo me desenamoré. Yo le dejé. Yo le rompí el puto corazón, y él rompió el mío. Fue horrible y desgarrador, sólo como el amor verdadero puede serlo. Lo escribo y me parece un cliché, pero es que no hay nada nuevo bajo el sol. 

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