lunes, 1 de diciembre de 2014

Infortunio

Estábamos sentadas en la cocina. Mi tía me hablaba de que era una niña muy inquieta. Hablaba con todo el mundo, y una mujer que limpiaba en casa de mi abuela me llamaba “la andaluza” porque seseaba. Y ahora me veo a mí misma, intentando siempre conservar la calma, siendo todo lo fría que puedo. Miro a mi tía. Está borracha y yo también. ¿Eso es todo? “Eres más mítico que Laura borracha”.
Ojalá hubiera sido esa niña despreocupada para siempre. Sólo instintos. Sólo carne.
Pablo me escribe, da igual su nombre. Tonteo por el alcohol, al día siguiente me arrepiento por fingir cosas que no son ciertas. Me acuerdo de Luis y quiero tener un impacto en su vida pero no sé cómo hacerlo.
Casi es una lucha entre mi SúperYo y mi Ello. Quizás yo nací hecha animal. Debí ser salvaje, pero no me atreví. Y ahora, ahora que ya no tengo nada que perder, el Ello puede empezar a guiar mi conducta. Para siempre, o hasta que tenga alguna clase de responsabilidad (¿pero eso no es ya una idea demasiado sensata para un Ello?). Y Luis lo odia. Mi Ello lo aleja. Le asusta, porque es incontrolable. Porque su madre jamás lo aprobaría.

Pero es mentira. El mundo me gana la partida cada día, cuando ato los cordones de mis zapatos, anudo mi pelo de león en una trenza y plancho las camisas. Sumisa y domada para entrar en la rueda del hámster.

La vida nos impone una contradicción con la que a medida que envejezco, soy menos capaz de lidiar: lo que somos y lo que debemos ser. Y con deber, me refiero a mis padres, a mi jefe, a mis amigos, a mi pareja.
Mis padres son razonablemente liberales o progres o cómo quieras llamarlo. Pero no, mi madre no puede leer cómo Luis mete su polla tan profundo en mi garganta que me provoca una arcada. Y menos aún, que otros lo lean. Que otros lo saben. Sumida en el qué dirán.
Todos aceptamos que en el trabajo representamos el papel de la súper-cordura y súper-responsabilidad. Nunca he permanecido suficiente en un trabajo como para necesitar realmente una buena atmósfera laboral, pero no sé, la clase de bromas que practico dejan bastante claro lo que soy (que se aleja significativamente de aquello que finjo).
Está bien, con algunas personas quizás pueda mostrar un poco más de mí misma, pero en general, no. Ya lo dije. Sonríe, bebe otra cerve. Sé frívolo.
Y ya con tu pareja es el imposible. Tienes que demostrar amor pero no ser celoso o rallante, y tienes que ser normal pero interesante y especial y actriz porno y virgen.