domingo, 13 de octubre de 2013

Laura estaba cantando apasionadamente, algo entre Camela, Laura Paussini y Shakira. Ni siquiera sabía por qué estaba tan animada, a pesar de todo lo que la pasaba, toda la ironía y la mala suerte sistemática y cómo todo era tan absurdo.
Siguió cantando después de secarse un poco y ponerse la toalla, y sólo cuando fue a abrir la puerta recordó que se quedaba trabada. Así que siguiendo el consejo de la casera, tiró sin miedo, mientras seguía cantando.
Y se quedó con el pomo en la mano.
Podría haberse desmayado, ante la perspectiva de unas 7 horas allí encerrada, hasta que volviera su compañera de piso. Se destrozó los dedos intentando abrirla por abajo. Encontró unas mini limas de uñas, y estuvo cargándose la pintura y los bordes, allí donde creía que se quedaba trabada. Miró por la ventana, y sí, podría salir, pero sólo tenía una toalla y ninguna posibilidad de volver al interior. Lloró en el suelo.

Casi podía imaginarse a sí misma contándoselo a sus amigos, con una sonrisa y una mueca de incredulidad, incluso poniéndole un toque sexual por el hecho de estar sólo con una toalla, pero en el fondo, sabría que el uso de su experiencia personal en clave de humor sólo era otra forma de negación del hecho de que su vida era en realidad una puta mierda.
El bar estaba medio vacío, y cuando estaban pidiendo unas pintas entraron dos chicos. Uno tenía el pelo rizado, y al andar se dejaba caer. Tenía unas botas gastadas, con la lengüeta doblada. Su amigo tenía el pelo muy corto y peinado a un lado, con una carita de alemán, su nariz era un desafío constante, todos los rasgos rectos y ásperos. Vestía una camiseta negra de cuello pico, demasiado ajustada, y Laura odiaba las camisetas de cuello pico. Pensó que era guapo.

Entonces la griega saludó al del pelo rizado, y empezaron a hablar, y al rato vino su amigo y preguntaron si podían sentarse con ellas. Y dijeron que sí. Él comía chicle todo el rato para hacer desaparecer el aliento a tabaco. Y Laura pensaba que era muy considerado, que lo hacía para besarla. Pero ahora sabía que C podía ser muchas cosas, pero no fue muy considerado. Y entonces también recordó que un día usó su cepillo de dientes. Y ahora sólo quería llorar todo el rato.

[...]

Habían pasado unas dos semanas desde que C la escribiera por última vez algún mensaje cortés. Y cortés siempre fue la palabra, casi considerado, aunque al final resultara no serlo. La cuestión es que Laura decidió darle un ultimátum porque no soportaba estar en ese limbo de la cal y de la arena. Y él hizo lo que probablemente no sorprendió a nadie: limitarse a desaparecer.
Laura había escuchado Radiohead, tenía algún disco en el portátil. Nunca la habían vuelto loca, así que en realidad ni sabía qué decían en las letras. A C le gustaban mucho. Era domingo y tenía un poco de resaca pero se había despertado muy pronto. Y estaba en la cama, y tecleó Radiohead en Youtube. Escuchó Creep con subtítulos en inglés, canción que en realidad había escuchado un millón de veces sin entender, y se emocionó porque curiosamente no pensó que él fuera fucking especial, en realidad lo que sintió es que ella lo era, y que necesitaba que alguien cantara eso para ella. Y desde luego sabía que I don’t care if it hurts/I want to have control/ I want a perfect body/I want a perfect soul.
Joanna llamó a su puerta y la preguntó si quería ir a Belfast. Era el día de la Independencia Polaca, y del fin de la Primera Guerra Mundial, o algo así, y un grupo de polacos iban a un cementerio a hacer qué se yo. Y luego Joanna quería ir al cine a ver una peli francesa. Laura la miró en estado de shock, y la contó que estaba flipando con las letras de Radiohead y que pudieran gustarle tanto a C, el puto soldado nazi, el puto tough boy. Joanna dijo, con toda la dulzura e ingenuidad del mundo, lo que lo hacía todavía más irónico:
“Bueno, yo no quiero decir que C no pueda estar en su casa escuchando Radiohead y llorando pero…” -. Laura se echó a reír.
Sí, seguro que C la había llorado un montón mientras se follaba a esa fea con la que tenía fotos en Facebook.
Es lo bueno de este mundo sin vida privada e híper conectado. Te evita muchos por qués.  

martes, 1 de octubre de 2013

Me autodenominé bebedora social. Es mentira. Quedar con amigos era una excusa para beber.
Podemos beber más para huir de la muerte. Para huir del vacío. Pero sabemos que está ahí.